Por Álvaro Molina @molinacocinero Pude graduarme del colegio por rosca. Siempre me dieron duro las matemáticas, pero me tuve que tragar la lengua porque con los años entendí su importancia y reconozco que es gracias a los números, más que a las mismas recetas, que los restaurantes tienen éxito, sobreviven o fracasan. No dedicarles tiempo a los números es caminar a ciegas.
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View all signals →El filósofo madrileño publica un ensayo que provoca incontinentes ganas de leer libros de aventuras y de caminar con inventiva por las lenguas de tierra que unen ficción y realidad Eva Baltasar, escritora: “Aunque ves las señales del amor tóxico, a veces estás dispuesta a pagar el precio” Santiago Alba Rico ha estado años trabajando en un libro singular titulado Elogio de la literatura (Akal, 2026) en el que el filósofo, como un celestino, empareja a Kafka con Beatrix Potter, a Hergé con Melville, a Dostoievski con Hasek, a Dickens con Cervantes, a Carson McCullers con Mary Shelley y a Jane Austen con Marcel Proust. Lo que les une se sale de lo previsible, y cada capítulo es puro enamoramiento lector, donde se recrea el regocijo del descubrimiento y el placer de la relectura. “A través de la comparación, que a veces es contraintuitiva, descubrimos mejor las diferencias, las especificidades”, señala Alba Rico. Este ensayo continúa dándole vueltas a eso de qué significa la lectura para nosotros, como ya hizo en Leer con niños (Caballo de Troya, 2007) y nos revela que no leemos los libros desde el mundo —salvo quizá las primerísimas lecturas adolescentes— sino desde otros libros.