Las relaciones de la ultraderecha con el Vaticano durante el pontificado de Francisco estuvieron a punto de romperse en varias ocasiones y ahora se complican de nuevo con los mensajes del Papa contra la "prioridad nacinal" El Papa, en Arguineguín: “No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte” Santiago Abascal se acostumbró a llamar ‘ciudadano Bergoglio’ al Papa Francisco cuando denunciaba, desde Lampedusa o Lesbos, las políticas antiinmigración que convirtieron el Mediterráneo en el “mayor cementerio de Europa”. Y es que las relaciones de la ultraderecha con el Vaticano durante el pontificado de Francisco estuvieron a punto de romperse en varias ocasiones, dada la bendita costumbre del Papa argentino de denunciar la “cultura del descarte”, recordar que “todos fuimos refugiados” y llamar “genocidio” a la masacre israelí en Gaza.