Historia - Apodos ofensivos, nombramientos favorables para allegados y decisiones discutidas alimentaron una creciente animadversión entre magnates que desconfiaban cada vez más del gobierno Junto al trono suele haber una figura que habla cuando los demás callan y que consigue influir mucho más allá de su cargo oficial. Ocurrió con Grigori Rasputín en la corte de Nicolás II de Rusia, donde su cercanía a la familia imperial le permitió intervenir en decisiones y alimentar recelos entre la aristocracia. También pasó con el cardenal Richelieu junto a Luis XIII de Francia, convertido en el hombre que orientaba buena parte de la política del reino gracias a una relación de confianza excepcional.