Si quieres llegar al pase de las diez y media de la mañana, tienes que levantarte a las siete; a las siete si quieres ducharte, a y media si solo tienes que vestirte, pero eso ya es cosa tuya; y bajas a la puerta de casa dos o tres minutos antes de la hora porque aquí sabes que si el horario dice una cosa, esa cosa va a ocurrir El otro día dijimos de ir al cine y hubo que planificar el asunto como si fuésemos a invadir un país muy lejano. Entre Ameland y Leeuwarden, la capital de Frisia, hay cuarenta kilómetros, diez de los cuales, es decir, una cuarta parte, pertenecen al mar de Wadden, por lo que para hacer el trayecto desde casa hasta el Pathé, el cine de la ciudad, tenemos que coger un autobús, después un ferry y, una vez en el mainland , otro autobús. Una cosa que me fascina de los Países Bajos es que si has visto uno de sus paisajes ya los has visto prácticamente todos: un horizonte plano bajo un lecho verdoso y dragado por canales de agua oscura, con animales miniaturizados en la distancia y nubes enfangando la escasa luz del sol; con todo ello, es un paisaje tan bonito que no te importa verlo repetido.